Cuando era niña, Dios formaba parte de la sociedad. Estaba presente en las familias, en el trabajo, en las escuelas, en la televisión, en el cine.... Hoy, en este recién estrenado siglo XXI, Dios ha desaparecido de la sociedad, no se habla de Dios en las familias, ni en las escuelas... Y cuando se habla de Dios es para hacer de ello una burla.
Me crié en una familia cristiana donde Dios era, y sigue siendo, parte importante de ella. Éramos diferentes, no éramos como el resto de familias, creíamos en Dios y queríamos compartirlo con los demás y además éramos cristianos evangélicos.
En la escuela me sentía diferente por ser cristiana evangélica, la sociedad de entonces era enteramente católica. Las niñas de mi edad iban a catecismo y hacían la comunión, yo no. Pero a sus familias y a la mía nos unía, sin quererlo, algo común, Dios formaba parte de la sociedad en que vivíamos, para unos era muy importante, para otros no, pero Dios estaba allí.
Los años han pasado y ahora sigo sintiéndome diferente, pero no por ser cristiana evangélica en una sociedad católica, soy diferente porque creo en Dios y en nuestra sociedad de hoy Dios no está presente. No forma parte de la vida cotidiana.
Desde las sociedades más primitivas hasta la actualidad, vivir en sociedad ha implicado e implica, aceptar unas normas de convivencia que nos permitan vivir y desarrollar todas aquellas actividades que forman parte de nuestra vida diaria: trabajo, familia, ocio......
En la sociedad actual se habla mucho de libertad, todos tenemos derecho a expresar aquello que sentimos o nos inquieta, que pretendemos, cuales son nuestras tendencias sexuales, políticas...... Podemos hablar de ello en cualquier parte, en cualquier medio de comunicación.
El mundo de la tecnología ha invadido nuestros hogares y no somos nada sin nuestra televisión, nuestro DVD, el ordenador, internet,..... Hemos avanzado mucho en lo que ha tecnología punta se refiere, pero como sociedad hemos retrocedido en todo aquello que hace referencia a los valores.
Hoy, sentada en el sofá de mi casa y delante de esa "caja tonta" a la que llamamos televisión, me preocupa la imagen de sociedad que veo reflejada en los programas de televisión. Esos programas "basura " que nadie ve, pero que todo el mundo conoce.
¿Qué valores nos transmiten a nosotros y a nuestros hijos? ¿Hacia dónde va esta sociedad? ¿Cuál es el motivo de nuestra existencia? ¿Qué hay después de la vida? ¿Qué modelo familiar es el correcto?
En nuestra sociedad actual, todo vale, todo es normal, ya nada nos sorprende o pocas acciones consiguen sorprendernos. Y Dios, ¿dónde está?, para muchos la respuesta es fácil: No está, simplemente no existe, jamás ha existido, alguien se lo inventó para tener controlada a la sociedad.
Cuando era niña, Dios formaba parte de la vida cotidiana, en la sociedad de mi infancia Dios ponía freno a todo aquello que mostraba lo peor del ser humano. Seguía estando dentro del hombre, pero no salía a flote. Hoy podemos verlo incluso por televisión, en Internet...
Y mi pregunta es: ¿Qué ha ganado la sociedad dejando de creer en Dios? ¿Tanto molestaba su presencia? ¿Hemos ganado en libertad o en libertinaje?
Si realmente Dios no existe, no habré perdido nada creyendo en su existencia. Pero ¿y tú?, ¿Y si existe, y por ganar pequeñas libertades cotidianas pierdes una eternidad? ¿Habrá valido la pena?
Autora: María Clavel
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